Si no cambian mucho las cosas esta va a ser la última entrada que haga sobre Santa María: ya "todos" estamos contentos y algunos incluso felices de tener la iglesia más nueva de la ciudad abierta y tres veces inaugurada. Pero antes no quiero dejar pasar la ocasión para invitarles a una reflexión. Para ello me van a permitir que transcriba los apartados 2º y 4º del artículo 20 de la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía (BOJA nº 248 de 19/12/2007), que tratan de los criterios que deben seguirse en los procesos de restauración; que de nuevo muestre una fotografías conocidas y que, finalmente, les invite a la reflexión con una pregunta.
LA LEY DICE:
“Las restauraciones respetarán las aportaciones de todas las épocas existentes, así como las pátinas, que constituyan un valor propio del bien. La eliminación de alguna de ellas sólo se autorizará, en su caso, y siempre que quede fundamentado que los elementos que traten de suprimirse supongan una degradación del bien y su eliminación fuere necesaria para permitir la adecuada conservación del bien y una mejor interpretación histórica y cultural del mismo. Las partes suprimidas quedarán debidamente documentadas”.
“En el caso de bienes inmuebles, las actuaciones a que se refiere el apartado 3 (se hace referencia a los materiales) evitarán los intentos de reconstrucción, salvo cuando en su reposición se utilicen algunas partes originales de los mismos o se cuente con la precisa información documental y pueda probarse su autenticidad. Si se añadiesen materiales o partes indispensables, las adiciones deberán ser reconocibles y evitar las confusiones miméticas”.
LAS FOTOGRAFÍAS SON ESTAS:

Y LA PREGUNTA ES LA QUE SIGUE:¿Realmente se ha cumplido con los criterios que la Ley aconseja en relación con el respeto de las aportaciones de todas las épocas, con el mantenimiento de las pátinas, con una mejor interpretación histórica y cultural, con la documentación de las partes eliminadas, con evitar los intentos de reconstrucción, con la distinción de los elementos añadidos y nuevos, con la prueba de su autenticidad, con el reconocimiento de los elementos nuevos y con el no engañar con confusiones miméticas?
Si la respuesta es que sí, podemos sentirnos satisfechos y agradecidos con la labor del arquitecto, de las autoridades de todo tipo y condición, de la Junta y de la Comisión Provincial de Patrimonio; pero si, por el contrario, es que no, quizá debiéramos hacer algo o al menos no estar tan contentos como nos están convenciendo que debemos estar.



