El artículo 79.3 del Plan Especial del Centro Histórico (de Úbeda, claro) prohíbe “la colocación de anuncios y otros elementos exteriores en edificios catalogados”, aclarando que “sólo podrán incorporarse dentro de los huecos” y añadiendo que “se prohíben los banderines excepto los de tipo asistencial”.
Y esto viene al hilo no tanto de la permanente colocación de carteles en la fachada del Hospital de Santiago, entre otros monumentos, sobre la que ya es inútil luchar por el continuado desprecio de nuestras autoridades a la limpieza y dignidad de un monumento artístico de categoría mundial, como al hecho de que no bastando ya la fachada principal también se ocupa y se “adorna” el muro perimetral del mismo edificio. Siendo ahora el caso, como todos los años por estas fechas, el de la promoción de las Jornadas Gastronómicas en el Renacimiento. Es decir, que se sigue cumpliendo y ampliando la aplicación de la normativa...
Y aunque todo esto no deja de ser importante y digno de ser resaltado, lo que ahora me preocupa es el hecho de que en una ciudad en la que el Renacimiento -mientras se va asentando el modelo imperial romano, ya presente en el Certamen de Novela Histórica y en FITUR- se palpa y manifiesta en todos los aspectos de su vida cultural y cotidiana: Fiestas del Renacimiento, Úbeda Ciudad del Renacimiento, Museo Abierto del Renacimiento, Jornadas Gastronómicas en el Renacimiento, Edificio Renacimiento, Restaurante Renacimiento, Aparcamientos Renacimiento, etc., etc., etc., los promotores de las XIII edición de las citadas jornadas gastronómicas no se hayan enterado que el claustro de Santa María que sirve de fondo al cartel anunciador es gótico.

















No es ahora el momento de detenerse en la ponderación del importante papel que juega el agua desde muy antiguo en la creación de ambientes y sensaciones cuando va unida a la arquitectura, generalmente en forma de fuentes, entre otras razones por lo arraigado que está el conocimiento de esas funciones en una gran mayoría del público. Pero sí lo es el de denunciar (¡Señor, que cruz me ha caído!) la sequedad de las fuentes que ocupan el espacio central de nuestros monumentos -aquí están los ejemplos del palacio de las Cadenas y del hospital de Santiago- para evitar, supongo, la afluencia de palomas y los consiguientes perjuicios que conlleva. Loable es el intento de protegerse de estas molestas y sucias criaturas voladoras, pero... ¿de verdad se considera que la solución para su control o para su eliminación y la de sus 



