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NO ENTIENDO NADA

CXXXIX

Entrando en la plaza de San Lorenzo por la calle Condestable Dávalos los vehículos son avisados de la prohibición de parar y de estacionar en la "zona monumental" mediante una reglamentaria señal de tráfico. Y aunque eso no va con los peatones ni con los turistas, al menos si podrán sentirse informados de su entrada en el casco histórico e ilusionados ante la promesa de la custodia del patrimonio y ante la maravillosa visión que van a tener de un espacio libre de vehículos. Pero claro, como al parecer lo que priva en este mundo son las contradicciones y las falsas promesas, al dirigir la mirada hacia el fondo de la plaza ya podrán ver los coches aparcados en el lateral de la Casa de las Torres. Es más, al acercarse a ella, verán como su fachada se decora con una nueva señal que vuelve a prohibir lo mismo, pero ahora sólo hacia la izquierda, constatando ciertamente una contradicción entre la señal que se sitúa a la entrada y la que se une a la rica decoración del Monumento Histórico Nacional. Y la cosa se complica aún más cuando vean que a la izquierda de esta segunda señal también se aparca sin problema de ninguna clase. La verdad, supongo que como los peatones y los turistas, no entiendo absolutamente nada: se colocan señales de tráfico inútiles, se colocan en lugares que rompen la visión de los monumentos y no se sanciona a quienes se saltan las normas a la torera. En fin, la explicación que se ocurre para dar algo de sentido a este galimatías es una y sólo una: desde el Ayuntamiento se entiende que la Casa de las Torres y la plaza de San Lorenzo no forman parte de la zona monumental...

MATAR LA GALLINA DE LOS HUEVOS DE ORO

CXXIX
Pues resulta que ayer, a eso de las cuatro de la tarde, paseando por la plaza de Santa María (ya saben ustedes esa que está declarada Patrimonio de la Humanidad) pude ver lo que la fotografía muestra: una treintena de coches aparcaban sin ningún tipo de problemas a lo largo y ancho de la lonja situada delante del Parador. Estas cosas a una le siguen extrañando porque bien indicado está en la plaza la prohibición de hacerlo y, por ello, no me quedó más remedio que preguntar a alguien muy entendido qué pasaba por allí el porqué de tanto coche violando descaradamente lo establecido por nuestro Ayuntamiento; y se me dijo que personajes muy importantes relacionados al parecer con las Fuerzas Armadas estaban almorzando en tan prestigioso establecimiento hotelero. Bien está que nos visiten tan ilustres personalidades, incluso que coman, pero las dudas me embargan al plantearme quién da los permisos para que ocurran estas cosas, que bien podríamos calificar -creo yo- como de abuso de poder y como de desprecio absoluto a las normas que nos hemos dado. Luego, dentro de unos años, cuando de nuevo el pavimento esté como unos zorros, podremos pedir un nuevo Plan E o F o J o quizá M o Z, para tratar de solucionar las arbitrariedades que nuestros representantes perpetran y para seguir desvirtuando lo que era la fisonomía de la plaza. Lamentable y condenable es la creencia de que puede hacerse lo que dé la real gana despreciando de paso el patrimonio de todos. Y para finalizar, pido disculpas por lo lejano del encuadre de la fotografía, pero es que tanto guardaespaldas asustaba.

CALLE VALENCIA

CXV

Sinceramente me alegro de la terminación, como bien ha manifestado la prensa local, de las obras en la calle Valencia, a falta de un tramo. Y me alegro, porque esta calle de la que tanto se presume y de la que tanto se ha olvidado la administración local, con toda seguridad se merece los mismos equipamientos que cualquier otra calle de Úbeda, pero me van a permitir que manifieste algunas ideas sobre el resultado final. Así, quiero dar mi más efusiva enhorabuena por la pérdida del empedrado en otra calle de Úbeda y, con él, del carácter propio de una calle de especial personalidad; enhorabuena a quienes ya no les moleste el árbol de turno para meter el coche en su cochera; enhorabuena a la cabeza pensante que ha decidido que se puede dar el mismo tratamiento en los acabados a una calle eminentemente popular en su arquitectura, con unas funciones muy marcadas y con un emplazamiento singular, como la calle Valencia (primera fotografía), que a otra, como la calle Ancha (segunda fotografía), con una arquitectura burguesa (aunque por desgracia se ha ido perdiendo), con funciones diametralmente opuestas y con un emplazamiento bien distinto; enhorabuena a la concejalía de Urbanismo que poco a poco está logrando una absoluta pérdida de identidad de nuestra ciudad por el uso indiscriminado de materiales de catálogo para presentar soluciones urbanísticas absolutamente impersonales y presentes ya en cualquier sitio; y, sobre todo, enhorabuena a los vecinos de tan querida calle porque ya pueden aparcar sobre las aceras como cualquier otro ciudadano de cualquier otra calle de la ciudad.

AGRAVIOS COMPARATIVOS

CVIII
Mucho nos llena de gozo en este tiempo pascual ver que la calle de nuestro muy recordado prócer don Diego de los Cobos, obispo que fue de Jaén, se ha convertido tras la finalización de la Semana Santa en calle peatonal a la espera -suponemos- de su remodelación y de los usos que se le quieren dar en un futuro. Y esto nos hace pensar que en esta desdichada ciudad de Úbeda más parece importar el comercio que el cuidado del patrimonio declarado por la UNESCO. Como ejemplo de lo dicho, sirvan las fotos que se presentan: a la calle Nueva algodones y mimos, a la plaza de Santa María chapuzas, coches, pólvora y balas.


OBRAS EN LA PLAZA DE SANTA MARÍA (4)

XCV

Y ha ocurrido que la denominada reposición de elementos ha traído grandes novedades ¿? como el hecho de eliminar la altura de las aceras. Debe ser sin duda para unificar el espacio declarado Patrimonio Mundial con el resto de otras muchas calles de la ciudad que han sido reestructuradas siguiendo la moda de la accesibilidad sin ningún tipo de cortapisa. Pero claro, lo que una se pregunta viendo lo que pasa en esas calles citadas es si la accesibilidad es para las personas o para los coches. Seguramente encontrarán respuestas observando detenidamente la segunda de las fotografías.

ALGO MÁS DE 400.000 EUROS

LXXXVII
Bien sabe Dios que esto del ciclismo no es cosa de conventos, pero me ha llegado una fotografía que recoge el recién inaugurado carril bici, que no se sabe muy bien cuándo terminará de unir las ciudades hermanas de Úbeda y Baeza (por aquello de su declaración como patrimonio mundial), y las cosas ya están muy claras: como sólo ha costado unos míseros 400.000 € la obra ha empezado a presentar, por supuesto antes de su muy publicitada inauguración, determinados vicios constructivos en forma de largas y serpenteantes grietas. Aunque quizá me equivoque y todo esto no sea sino la búsqueda por parte de su diseñador de una simbólica representación del estado de gran parte del patrimonio de las ciudades que pretende unir.

LO DICE DON ANTONIO

LXXXIV

Me permito transcribir el artículo titulado "Desolación de volver", publicado el 5-9-2009 por Antonio Muñoz Molina en El País, que digo yo que llevará razón porque él es una persona muy importante:

«Desde una esquina en la zona de sombra en la que me he apoyado para leer el periódico miro la plaza que he recordado e imaginado tantas veces, la que está igual de arraigada en mi memoria infantil que en los mundos de ficción que he ido inventando a lo largo de mi vida, hasta el punto de que a veces ni yo mismo sé distinguir en qué medida estoy invocando un recuerdo verdadero o proyectando sobre el pasado un episodio de novela. Vista con ojos objetivos, la plaza no tiene nada o casi nada de extraordinario, salvo la torre del reloj, que forma parte de una muralla medieval. Es una plaza austera, menos andaluza que castellana, con soportales en dos lados, con edificios poco memorables que sin embargo, en conjunto, dan una modesta impresión de carácter, de lugar verdadero. En los soportales solía haber carritos en los que se vendían pipas, cacahuetes tostados, pequeños juguetes; también se vendían y se alquilaban tebeos. Había una farmacia, una tienda de lanas, un almacén de tejidos, la sede de un banco en el que trabajaba de cajero el padre de un amigo mío. Íbamos a verlo y estaba detrás de su ventanilla con barrotes dorados, y a mí me impresionaba lo blancas que eran sus manos, por contraste con las de mi padre, y la velocidad asombrosa a la que contaba los billetes.
»En la zona central de la plaza se levanta sobre una base de figuras alegóricas talladas en piedra la estatua en bronce del general Saro, picoteada de agujeros de disparos. En los primeros años veinte el general Saro dirigió no sé qué campaña victoriosa en la guerra de Marruecos; en el verano de 1936 un pelotón anarquista lo fusiló en efigie, dado que ya estaba muerto. Durante años, con motivo de alguna de las muchas reformas que la plaza ha padecido, la estatua desapareció, porque algún analfabeto con cargo municipal -en la política española el analfabetismo es un mérito casi tan valorado como la desvergüenza- debió de pensar que siendo de un militar tenía que ser de un militar franquista. Me cuentan que se pensó sustituirla por una escultura más acorde con los nuevos tiempos de reglamentaria cultura andaluza, un monumento al penitente. El general Saro sobrevivió, dramático y sereno, con sus agujeros negros de disparos en la cabeza y en el pecho y su mirada hacia el sur, pero a su alrededor la plaza que desde hace mucho ya no lleva su nombre fue sometida a una de esas modernizaciones que gustan tanto a las autoridades locales: de los jardines, de los bancos, de las acacias y los aligustres sobre cuyas copas sobresalía la cabeza del general no quedó ni rastro, si bien en su lugar se pusieron unos coquetos maceteros de hierro forjado con la "U" de Úbeda artísticamente inscrita en cada uno de ellos, y se coronó todo con la boca enorme de un aparcamiento subterráneo y con la torre del ascensor correspondiente.
»La primera vez que vi lo que habían hecho con esa plaza que era el corazón de mi ciudad se me puso en la garganta un nudo de congoja. Ahora vuelvo y la miro y la costumbre no mitiga el escándalo. Con la lógica peculiar de la renovación urbana, se ha considerado que en una ciudad donde hay varios meses de calores saharianos su plaza central no necesita árboles, salvo un par de naranjos escuálidos que difícilmente pueden prosperar en los inviernos mesetarios. A mediodía, desde mi esquina a la sombra, alzando los ojos del periódico, veo a la gente que se atreve a cruzar la plaza arriesgándose a un síncope, buscando a toda prisa el alivio de los soportales. Aparte de sus ventajas estéticas, el aparcamiento tiene la virtud práctica de atraer más tráfico hacia el centro de la ciudad, atascando las calles estrechas que llevan a él, algunas de las cuales están además levantadas gracias a la misma catástrofe de obras en gran medida innecesarias que azota al país entero. Algunos de los coches que hacen cola para entrar en el aparcamiento llevan las ventanillas abiertas y emiten a volumen sísmico una música de discoteca al parecer muy del agrado de los policías municipales que pastorean el tráfico.
»En las noches calurosas, con los balcones abiertos, la música de los coches, los rugidos de las motos y la algarabía alcohólica del botellón animan las plazuelas y los callejones de mi barrio de San Lorenzo, que de otro modo estarían sumidas en un anticuado silencio. Iglesias y palacios se van hundiendo literalmente en el abandono mientras se tiran ríos de dinero cambiando sin ninguna necesidad antiguos pavimentos enlosados o empedrados por groseros baldosones de terrazo. Vuelvo a la hermosa plaza de Santa María y no puedo cruzar su limpia perspectiva porque está entera convertida en una zanja. Un amigo que vive en la ciudad me cuenta que los trabajadores, como no disponen de instalaciones con aseos, usan como urinario la fachada de la iglesia del Salvador.
»En el curso de una generación se ha destruido para siempre lo que tardó siglos en hacerse. Lo que se está robando a quienes vengan detrás no es una memoria sentimental y un paisaje urbano que fue único, sino también una forma de disfrute de la vida y de prosperidad. Donde hubo perspectivas de huertas y de casas blancas que llamaban desde los caminos lejanos ahora hay bloques horrendos que se amontonan los unos sobre los otros para mayor beneficio de los constructores. Viajando por Europa uno descubre con envidia cómo en pueblos pequeños y en ciudades provinciales el cuidado en la preservación de lo más valioso del legado del tiempo es perfectamente compatible con el progreso tecnológico y tiene la ventaja práctica de hacer la vida más gustosa y crear una duradera riqueza: en España se empieza por arrasarlo todo. Cuanto más se alimentaban los orgullos locales y las lealtades vernáculas a lo largo de los últimos treinta años más impunemente se han destruido los paisajes. El orgullo local separado de la conciencia cívica es paletería, igual que el patriotismo sin ciudadanía es fanatismo. Se inventan pasados y se alimentan nostalgias rústicas al mismo tiempo que se impone la ignorancia y se borran las huellas del pasado verdadero, el que habría sido tan fértil para mejorar el porvenir.
»Hace treinta años, en una de tantas idas y venidas, volví a mi ciudad para votar por primera vez en mi vida en unas elecciones municipales. Pensábamos que la democracia iba a traer a las ciudades un aire limpio de ilustración y racionalidad, espacios públicos rescatados del abandono y la roña franquista de los especuladores. Me paseo por Úbeda, entre zanjas y mugre, entre el deterioro de lo abandonado y la ostentación palurda de lo que no había necesidad de cambiar, me adhiero a una pared para que no me atropelle un coche con la música a todo volumen en una calle estrecha. Ya sé que en todas partes sucede lo mismo, que el gobierno de las ciudades españolas es un grosero catálogo de venalidad e incompetencia: pero sólo en ésta el escándalo político se me convierte en íntima desolación».

ESPACIO TODAVÍA DECLARADO

LXXX




Añadir imagen



Hace muy poquitos días una artesanal señal de tráfico anunciaba en la plaza del Ayuntamiento un desvío hacia la plaza de Santa María e indicábamos que lo singular y pobre de los materiales que la conformaban no eran sino el anticipo de lo que los incautos visitantes de Úbeda iban a encontrarse en el espacio declarado por la UNESCO: obras, coches, vallas, coches, andamios, coches, radiales, coches, losas mutiladas, coches, edificios cerrados, coches, cañizos, coches y motos. Hoy, como dar testimonio de la verdad es conveniente, presento lo dicho entonces y espero, a la vista de las imágenes, que se comprenda mi pronta vuelta a un convento en el que reinan la soledad, el sosiego, el silencio, el orden y el cuidado de las cosas.

ME MANDA RECADO...

LXXV
Me manda recado fray Bartolo Tapatensis, santo varón y padre espiritual de este convento, acompañado de fotografía, en la que se muestra una curiosa señalización para el trafico que en estos días se viene desviando por la plaza del Ayuntamiento para acceder a la de Vázquez de Molina. Y después de observarla, con no poca curiosidad y otro tanto de asombro, se me vienen tres ideas a las entendederas: la primera, que la imagen bien puede demostrar que la tradición artesana que hace famosa a Úbeda desde antiguo se manifiesta en los más pequeños detalles; la segunda, que es el reflejo de un inconmensurable deseo de experimentar con los materiales de desecho que el entorno ofrece en un irrefrenable espíritu emprendedor; y la tercera (aunque aquí se ve la mano del maligno), que lo deleznable de los materiales y lo chapucera de la solución dada no es sino la antesala de lo que los visitantes se van a encontrar en una plaza de Santa María preñada de obras, andamios, tráfico, coches aparcados, edificios maltratados y monumentos cerrados.

INVARIANTES CASTIZOS

LI


Con independencia de estilos, épocas, carácter o importancia, raro es el edificio histórico o monumento de nuestra ciudad que no está permanentemente acompañado, cual rémora y tiburón o como guinda y tarta, de uno o más coches. Una -ya lo saben- es ignorante y poco leída en temas de arte pero la vida me va dando algo de sentido común y, además, algo recuerdo de lo mucho dicho por Chueca Goitia (un famoso y al mismo tiempo ensalzado y denostado arquitecto que anduvo por este convento mirando piedras). Concretamente me acuerdo de algo que denominaba «invariantes castizos» o constantes histórico-estéticas que de modo inequívoco se cumplen en la arquitectura española. Y claro, me pregunto si no será uno de esos invariantes esta perfecta unión que tanto se ve en nuestra calles. Seguramente lo sera... y por ello se la mima y consiente por nuestros políticos y concejalías del ramo.

EL YACIMIENTO

XLIX Desde hace algún tiempo, desde lo políticamente correcto, viene utilizándose el término yacimiento asociado al de empleo, hablándose por todas partes de «yacimientos de empleo». Y una en su ignorancia -que es mucha- no deja de asombrarse del uso de ambas palabras juntas por mucho que desgraciadamente tan de moda se haya puesto la segunda de ellas. Acostumbrada estábamos a aquello de yacimiento de minerales, o de gas, o geológico, o paleontológico, o arqueológico..., en definitiva a las definiciones que da nuestra Real Academia Española fijando que un yacimiento es el: «Sitio donde se halla naturalmente una roca, un mineral o un fósil o el lugar donde se hallan restos arqueológicos». Y se preguntarán que a qué viene esta perorata y qué tiene que ver con la fotografía presentada más arriba: La cosa es muy sencilla, pues si no cuento mal esta es la tercera vez que el rincón fotografiado aparece en este humilde blog, es decir, que siguiendo la moderna terminología se podría estar convirtiendo en un yacimiento de blogs. Pero claro, si yacimiento viene de yacer y yacer significa hasta cuatro o cinco cosas (estar echado o tendido, estar en la fosa o en el sepulcro, existir o estar real o figuradamente en algún lugar, tener trato carnal con alguien y pacer -las caballerías- de noche) una no sabe a qué carta quedarse, una no sabe si estará hablando con propiedad o si, simplemente, no estará chocheando. En fin, piensen ustedes lo que quieran sobre si lo que ven es o no es un yacimiento, es o no es un maravilloso muestrario de los más variopintos objetos, es o no es el reflejo de la dejadez y de la falta de autoridad, o es, simplemente y en definitiva, algo asombroso o, mejor aún, «im presionante».

NO HACEMOS NADA BIEN

XLVIII
Cuando, después de muchos años abandonada y tirada en un solar, la portada de la Casa del Caballerizo se puso en pie como increíble solución para dar paso -a modo de artístico e incomparable pórtico- a un moderno pasaje, a medias comercial y a medias residencial, quizá muchos pensaran que los males de este desgraciado monumento se habían terminado, pero una vez más no fue así. Alguien -eminente sin duda y con sabio criterio- ha ido pensando que una portada de piedra es un soporte más firme para la colocación de hasta tres señales de tráfico que cualquier otro tipo de pared. Con todo, hubiese sido conveniente -por aquello de lo artístico y de las cosas bien hechas- el situarlas al modo de los medallones platerescos en pleno centro de las desnudas enjutas. ¡No aprenderemos nunca!

MISIÓN IMPOSIBLE

XLVII
Bien sabe Dios que la fotografía que hoy presento poco tiene que ver con nuestro patrimonio, pero sí nos puede llevar a una reflexión sobre él. Una papelera, un contenedor de basura, un quiosco y un coche hacen tan sumamente difícil, casi imposible, el paso de los viandantes, que bien cabría preguntarse lo siguiente: ¿Si en nuestra Ciudad es así como se respeta el derecho de los peatones (que prácticamente son personas) cómo va a preocupar el estado de conservación y el cuidado de nuestros monumentos y bienes patrimoniales? Por lo menos queda el consuelo de saber que ese bello quiosco de diseño, procedente del denostado parque de los Hierros, ha encontrado su razón de ser como lugar en el que se guarda la herramienta de las muy parsimoniosas obras de la calle Ancha.

MISTERIO RESUELTO

XLIII
Recuerdo, ya que la vida en el convento no anula lo vivido en el siglo, las muchas opiniones dadas desde hace mucho tiempo, tanto por expertos como por quienes creen que lo son en cualquier tipo de materia, sobre el significado profundo de la decoración de una de las casonas más populares de Úbeda. Me refiero a la situada en la calle Luna y Sol, que le da nombre, precisamente porque sobre su airoso arco de grandes dovelas se manifiestan con todo detalle la representación del Sol y de la Luna. Así, los amigos de lo esotérico han lanzado al aire las más variopintas interpretaciones, otros -a los que lógicamente me uno- no han visto sino una representación figurada del Pulchra ut Luna y del Delecta ut Sol del Cantar de los Cantares que desde antiguo se asocia a la Santísima Virgen y a sus extraordinarias cualidades. Pero parece ser que ni los unos ni los otros son poseedores de la verdad. Y es que el significado único y final de la representación de los dos astros en la portada a lo que hace referencia es a la concesión de un permiso: el de aparcar tanto de día como de noche. Y esta interpretación definitiva se la debemos a la inteligencia del muy perspicaz vecino que dándose cuenta de lo que decimos no duda en ocupar la acera, en obstaculizar el paso y en ocultar tan original muestra arquitectónica tanto de día como de noche o, lo que es lo mismo, de sol a sol o de luna a luna. Y lo hace ¡cómo no! de forma hermosa y brillante.

NI SIQUIERA EL NOMBRE

XLII
Me dice un alma caritativa (la misma que con prisas hubo de hacer la fotografía de arriba para no ser atropellado por uno de los muchos coches que a lo largo del día por allí pasan) que ya se ha publicado en la prensa el inminente comienzo de la quinta y última fase de las obras de Santa María y que van a durar unos 32 meses (casi los mismos que quedan para la celebración de las próximas elecciones municipales). Pero claro, si una se fija en la leyenda del propagandístico e institucional letrero, que adornando la fachada dice: "OBRAS DE RESTAURACIÓN DE LA IGLESIA DE LOS REALES ALCÁZARES. ÚBEDA (JAÉN)", y repasa los muchos desaguisados que durante 25 años se han ido cometiendo en esa santa y desgraciada iglesia, no puede sino dudar de lo poco que debemos esperar de una administración que ni siquiera conoce la advocación del templo en el que interviene y que tan particular concepto ha tenido y tiene de lo que es una restauración, cuando con propiedad debiera hablarse de una rápida destrucción y de una larga y costosísima falsificación. ¡Qué Dios la perdone (a la Administración), si se puede, y que a nosostros nos coja confesados!

ESPACIOS PARA LA CONVIVENCIA

XXXIII
Hace algunos años (aún andaba yo en el siglo), cuando las obras del aparcamiento subterráneo de la plaza de Andalucía terminaron y pudo verse la solución dada a las aceras y a la calzada, con una separación física casi inexistente por la supresión de los bordillos, se escuchó y vio en la televisión local al alcalde del momento (situado bajo la Virgen de los Remedios, es decir, en el lugar en que don Francisco de los Cobos, con la cara de cualquier concejal, acompaña a Carlos V en su juramento del comienzo de las originalísimas fiestas del Renacimiento) defendiendo lo realizado porque así se creaba (sic) "un espacio de convivencia entre los coches y los peatones". Y sin duda, tan genial idea, como otras tantas, se ha visto magníficamente gestionada tanto por las corporaciones del signo del alcalde citado como por otras posteriores de distinta cuerda. De tal manera ha sido así, que hoy nuestras calles son mayoritariamente espacios de idílica convivencia en los que los coches ocupan las aceras y los peatones se ven obligados a circular por la calzada, demostrando que el diccionario de la Real Academia Española se equivoca cuando dice que una acera es la "orilla de la calle o de otra vía pública, generalmente enlosada, sita junto al paramento de las casas, y particularmente destinada para el tránsito de la gente que va a pie". No obstante, ocasiones hay en que se hace necesario separar ambos espacios y, para ello, se encargan cientos de bolardos (¿se acuerdan de los leones del sr. Mendieta?) y de maceteros que teóricamente sirven (pero sólo cuando no molestan pues si es así se apartan por los "ciudadanos") para evitar que los coches ocupen las aceras cuando la convivencia no es necesaria o puede convertirse en promiscuidad. En las fotografías siguientes se presentan varios ejemplos de lo que se dice y como la cosa sigue con las obras iniciadas in illo tempore en la calle Ancha, pero no se preocupen, seguro que también la llenan de los citados postecitos, si no en forma de león, sí en forma de falta de autoridad y de moderna progresía. ¡Señor, Señor, que pobre es la autoridad que necesita de tanta barrera y de tanta policía local para después de todo nada de nada...!



VA DE "EVENTOS"

XXXI

Verdaderamente el Consistorio en todas y cada una de las "legislaturas" se esmera en el cuidado de nuestro patrimonio cuando tiene lugar alguno de los muchos y magnos "eventos" que salpicando el calendario dinamizan casi sin descanso la vida de nuestra ciudad. En esta ocasión -aunque pudiera valer cualquiera otra- de lo que se trata es de la utilización una vez más del hospital de Santiago como tablón de anuncios y como lugar de aparcamiento elevado (por lo de la lonja). Y me comenta el alma generosa que me ha proporcionado las fotografías que ilustran este humilde comentario que, en el momento de hacerlas, unos turistas llegados de lejanas tierras se lamentaban muy mucho de la imposibilidad de apreciar en su magnitud tan importante como decorado monumento. Pobres ignorantes... no han llegado a comprender que en el interior se está celebrando nada más y nada menos que el XXII Certamen Comercial de La Loma. De haberlo sabido, casi con toda seguridad, no hubieran hecho quejumbrosos comentarios y hubieran vuelto satisfechos a su país de origen y deseosos de narrar a sus compatriotas las magnificencias de Úbeda y de sus "eventos". Y por cierto, para los turistas y para todo el que lo ignore, un certamen comercial de La Loma es algo así como el mercadillo de los viernes pero celebrado en un "marco incomparable" y a lo fino y elegante.

¡SEÑOR, SEÑOR, LA TRADICIONAL FERIA DE LA TAPA!

XXX
Hasta estas soledades llega el estruendo de la feria de la tapa. La queja de los vecinos se extiende y adelgaza hasta filtrarse por las angosturas de este torno, construido -como bien dice nuestra Madre Superiora- para alejarnos de la presencia de los demás, no para aislarnos de su dolor y su lamento. Apesadumbrados no comprenden, porque no se comprende, qué gana y quién lo gana con mantener a cientos de personas y a sus hijos pequeños en vela durante días, mientras otros -dicen que siempre los mismos- beben cerveza, tapean (mal, al parecer), gritan, orinan y convierten la parte de la ciudad que ALCISER escoge en un lugar donde no existe ley, ni respeto, ni limpieza, ni decoro de ningún tipo. Desesperados saben que no pueden acudir a la Policía Local, pues es esa propia Policía la que corta las calles, consiente que ante sus narices se aparque en aceras, pasos de peatones y parterres a la vez que presta una apariencia de normalidad a lo que no es sino una aberración. Iniquidad que ALCISER promueve y que Ayuntamiento y Junta de Andalucía apoyan y consideran una pujante manifestación de modernidad. Lo moderno se muestra como pisotear los derechos de los vecinos, sucumbir a la presión de los mismos emprendedores de siempre y promover botellones oficializados, que son elemento de orgullo para desaprensivos, memos y políticos infelices al tiempo que merecen páginas laudatorias de sagaces redactores en insobornables periódicos, todos ellos señaladamente independientes. Aunque las de mi Congregación hemos renunciado a vivir en el siglo, nos aflige tanto dolor de tantos en beneficio de tan pocos. A ALCISER, que supongo que no podrá demostrar que mejora con estas mamarrachadas el comercio local; al Ayuntamiento, que como siempre se rinde ante los amigos (y no sabe escoger sus amistades); a la Junta de Andalucía de la que estos sagrados hábitos impiden que diga lo que pienso, sólo les deseo que Dios fortalezca la memoria de los vecinos de esta ciudad para que no olviden las cosas que suceden en días como estos. Tiempos vendrán en que llegue el momento de que las recuerden y las agradezcan.

LA MILLA DE ORO

XXIX



Como "la milla de oro" -me han dicho- se conoce una zona comercial de Madrid en la que se concentran tiendas de las marcas más internacionales, caras y exclusivas. En Úbeda, a pesar de los esfuerzos de Alciser y de las expectativas de un denominado Centro Comercial Abierto (pero más bien cerrado por lo parado del proyecto), por desgracia no tenemos nada semejante, aunque sí podemos presumir de otra realidad: "los 50 metros de la cochambre". El lugar en cuestión lo encontramos en la plaza de Santo Domingo y en él podemos ver desde la artística y censurada pintada, hasta la colocación de aparatos de aire acondicionado en antiguas casonas señoriales, pasando por un ejemplo más de la nueva moda de recercar ventanas y puertas con placas de piedra ferrosa contraria a los materiales tradicionales y locales, para llegar a la disposición de una plácida y veraniega terracita junto a un deteriorado poste informativo y a la omnipresencia de los coches aparcados. Como ven, nada que envidiar a Madrid...

TURISMO CULTURAL

XXVIII
Ante lo que la imagen nos presenta pocos e innecesarios son los comentarios que se pueden hacer. Con todo, la falta de respeto y de educación son evidentes y criticables. Pero cabe una reflexión: ¿podemos pedir a los que nos visitan lo que nosotros mismos no somos capaces de realizar? Creo que no. Mientras apostemos porque la plaza de Santa María siga siendo un artístico aparcamiento, mientras sea el lugar de paso obligado para cientos o miles de coches al día y mientras quienes deben velar por el orden ocupen el primer puesto en no dar ejemplo, poco podemos exigir a nadie.