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SÍ SON FUENTES, PERO SIN AGUA

XXII

No es ahora el momento de detenerse en la ponderación del importante papel que juega el agua desde muy antiguo en la creación de ambientes y sensaciones cuando va unida a la arquitectura, generalmente en forma de fuentes, entre otras razones por lo arraigado que está el conocimiento de esas funciones en una gran mayoría del público. Pero sí lo es el de denunciar (¡Señor, que cruz me ha caído!) la sequedad de las fuentes que ocupan el espacio central de nuestros monumentos -aquí están los ejemplos del palacio de las Cadenas y del hospital de Santiago- para evitar, supongo, la afluencia de palomas y los consiguientes perjuicios que conlleva. Loable es el intento de protegerse de estas molestas y sucias criaturas voladoras, pero... ¿de verdad se considera que la solución para su control o para su eliminación y la de sus excrementos es vaciar las fuentes y privarnos del disfrute de su repiqueteo en la sugerente belleza de un patio renacentista? Al menos yo ¡y que Dios me perdone! sí puedo gozar del agua y de su susurrante presencia en el claustral y sosegado silencio de este sencillo monasterio.

NO ES UNA FUENTE

XXI
Hoy he leído en un blog amigo una muy justificada crítica sobre la "fuente" de la que emerge cual divino Poseidón el monumento del General Saro situado en la plaza de Andalucía. Con el texto, ciertamente, hay que estar de acuerdo, pero sólo si consideramos que el vilipendiado pilar es sólo eso y no un auténtico monumento cargado de simbología. Quizá no hayamos sido capaces de descubrir el significado profundo de lo que parece una alberquilla -como se dice en el texto comentado- cuando en realidad podríamos estar ante una recreación de la playa de Isdain y del desembarco en el que Saro tan importante papel desempeñó allá por el 8 de septiembre de 1925. Por ello, si hay que hacer mejoras, que sigan el camino de una recreación más realista de una playa (no todo el mundo es capaz de comprender lo simbólico) mediante la disposición de arena y de una máquina (camuflada con algas artificiales) que produzca un oleaje suave y rompiente sobre los desnudos pies (aquí Jacinto Higueras sí tuvo visión de futuro) de las figuras esculpidas en el pedestal.