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EL RECIBO DE LA LUZ

CXLVI
De fuentes bien informadas me llega la noticia de que Santa María ha pagado 6.000 euros de luz, aunque no se me ha aclarado si ha sido por todo el periodo que lleva abierta o por un único mes. Sea como sea, lo cierto es que se me antoja una barbaridad, y no sólo por la cuantía como, esencialmente, por el hecho de que esa luz sirve para resaltar una gran mentira y para iluminar la cueva en la que se ha convertido el templo. Ya lo denunciamos en su momento y quizá esta sea la ocasión de transcribir la opinión de alguien que sabe más que yo de iluminación de edificios históricos; concretamente me refiero a las palabras de Margarita de Luxán García de Diego, que ya en 1988, como Directora del Seminario de Arquitectura Integrada en su Medio Ambiente y como profesora de la E.T.S. de Arquitectura de Madrid, venía a decir lo siguiente:

"La inmensa mayoría de las obras arquitectónicas reconocidas de nuestro patrimonio edificado, así como los objetos que contienen: pinturas, esculturas, etc., fueron proyectadas y ejecutadas en función de su percepción con una iluminación natural. Esa iluminación, manejada por el arquitecto, es uno de los elementos más importantes y sutiles de la configuración de los espacios construidos; y las luces y las sombras articulan y significan la lectura total de las obras; sin embargo, cada vez con más frecuencia, resulta imposible disfrutar las arquitecturas con su iluminación original. A la hora de restaurar los edificios, en la práctica habitual, se refuerzan los sistemas portantes, se reponen los materiales y rehacen los acabados, y se tiende a rescatar las decoraciones y ornatos, respetando al máximo los elementos originales; pero la introducción de sistemas de iluminación artificial, con resultados que no suelen ser coherentes con las imágenes que se percibían bajo la luz natural, pueden desintegrar la estructura visual, global y parcial, del espacio arquitectónico. Se comprende que una iluminación artificial nocturna alarga el período de visita, uso y disfrute de los edificios; sin embargo, lo que parece contradictorio es que este tipo de iluminación sustituya durante todo el día a la natural, desvirtuando y haciendo imposible la lectura del espacio pensada por los autores, y restando la posibilidad de apreciar la variación dinámica que con el recorrido del sol a lo largo del día, enriquece la imagen arquitectónica".

Sabias palabras que bien pudieran estar inspiradas por la visión y resultados de Santa María. En fin, ya sólo queda que el señor arquitecto responsable y amante de la espeleología o la Comisión Provincial de Patrimonio o la propia Junta de Andalucía se vayan haciendo cargo de los venideros recibos de la luz.

NI EN EL VATICANO

CXLIV

Reconozco lo mucho que he tardado en ponerme a escribir en este cuaderno desde la última entrada. Pido perdón por ello, pero ha sido absolutamente imposible hacerlo antes por dos poderosísimas razones: la primera, el estado de shock en el que he estado desde que hace algo más de una semana me dieron permiso en el convento para visitar Santa María y, la segunda, la necesidad de buscar antecedentes por el mundo del Arte para algunas de las soluciones estéticas que en ella he descubierto. Y no me refiero -que por otra parte también podría ser- a que hoy por hoy Santa María es el espacio arquitectónico sacro más descontextualizado, frío, artificial, feo y desagradable que conozco, fruto de la labor incompetente de técnicos y políticos, sino además a otros muchos pequeños detalles visibles desde el momento en que se pone el pie en el claustro. Por ejemplo, la colocación de un hermoso extintor junto al escudo del obispo de la Fuente del Sauce. Les aseguro que he visto a lo largo de mi vida, y también en la búsqueda estética que les he comentado más arriba, muchas iglesias y que en ninguna aparece algo igual, ni siquiera en San Pedro de Roma, pero seguramente es que allí tampoco se enteran.

CON LA LEY EN LA MANO

CXLIII

Si no cambian mucho las cosas esta va a ser la última entrada que haga sobre Santa María: ya "todos" estamos contentos y algunos incluso felices de tener la iglesia más nueva de la ciudad abierta y tres veces inaugurada. Pero antes no quiero dejar pasar la ocasión para invitarles a una reflexión. Para ello me van a permitir que transcriba los apartados 2º y 4º del artículo 20 de la Ley de Patrimonio Histórico de Andalucía (BOJA nº 248 de 19/12/2007), que tratan de los criterios que deben seguirse en los procesos de restauración; que de nuevo muestre una fotografías conocidas y que, finalmente, les invite a la reflexión con una pregunta.

LA LEY DICE:

“Las restauraciones respetarán las aportaciones de todas las épocas existentes, así como las pátinas, que constituyan un valor propio del bien. La eliminación de alguna de ellas sólo se autorizará, en su caso, y siempre que quede fundamentado que los elementos que traten de suprimirse supongan una degradación del bien y su eliminación fuere necesaria para permitir la adecuada conservación del bien y una mejor interpretación histórica y cultural del mismo. Las partes suprimidas quedarán debidamente documentadas”.

“En el caso de bienes inmuebles, las actuaciones a que se refiere el apartado 3 (se hace referencia a los materiales) evitarán los intentos de reconstrucción, salvo cuando en su reposición se utilicen algunas partes originales de los mismos o se cuente con la precisa información documental y pueda probarse su autenticidad. Si se añadiesen materiales o partes indispensables, las adiciones deberán ser reconocibles y evitar las confusiones miméticas”.

LAS FOTOGRAFÍAS SON ESTAS:


Y LA PREGUNTA ES LA QUE SIGUE:

¿Realmente se ha cumplido con los criterios que la Ley aconseja en relación con el respeto de las aportaciones de todas las épocas, con el mantenimiento de las pátinas, con una mejor interpretación histórica y cultural, con la documentación de las partes eliminadas, con evitar los intentos de reconstrucción, con la distinción de los elementos añadidos y nuevos, con la prueba de su autenticidad, con el reconocimiento de los elementos nuevos y con el no engañar con confusiones miméticas?

Si la respuesta es que sí, podemos sentirnos satisfechos y agradecidos con la labor del arquitecto, de las autoridades de todo tipo y condición, de la Junta y de la Comisión Provincial de Patrimonio; pero si, por el contrario, es que no, quizá debiéramos hacer algo o al menos no estar tan contentos como nos están convenciendo que debemos estar.

EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR

CXLI

Supongo que muchos de ustedes sabrán en qué consiste el síndrome de Stendhal (o síndrome de Florencia), pero por si acaso no es así, me van a permitir que en pocas palabras les diga que se trata de una enfermedad psicosomática que se caracteriza por un elevado ritmo cardíaco, vértigo, confusión e incluso alucinaciones cuando quien lo padece ha sido expuesto a obras de arte, y más cuando éstas son especialmente bellas o están presentes en grandes cantidades en un mismo lugar. Se llama así por el famoso autor francés del siglo XIX Stendhal, que por primera vez la describió al hablarnos de lo que sintió en su visita a Florencia en 1817. Bien, pues todo esto viene al hilo de la apertura de Santa María y quizá a estas alturas ya esté entregada a la Administración y a la espera de volver a sus propietarios y, por ello, y porque muchos de ustedes van a entrar en el templo, quiero avisarles que es muy posible que todos los síntomas que sintió Stendhal en Florencia puedan repetirse de forma masiva en Úbeda en los próximos días. Y es que no hay naturaleza humana que pueda aguantar la inefable belleza de lo mucho que se ha hecho en Santa María y de lo mucho que se manifiesta de ella en las desnudas y repelladas texturas de sus muros, en la gama cromática de sus suelos, en la asombrosa variedad de sus materiales, en la misteriosa sugerencia de la luz natural filtrándose por su bellas vidrieras, en los contrastes de la luz artificial que da vida a la recuperada penumbra mudéjar de su espacio, en un pulido pavimento libre de lápidas sepulcrales antiguas y estropeadas por el tiempo, en la desaparición de las invenciones barrocas que tanto la afeaban, en la sutileza y mimo con que se ha cuidado lo existente, en el escrupuloso respeto por un espacio histórico del que también escrupulosamente no se ha respetado nada, en la desaparecida reja de madera de 1600, en la soberbia realidad de un artesonado de un millón de euros, en los sonidos que brotarán de sus minimalistas e inoxidables altavoces, en el tañer de unas campanas que relucen más que el sol, en la indescriptible pétrea desolación de su claustro, en las incomprensibles soluciones del señor arquitecto, en la asombrosa incompentencia de los responsables del patrimonio provincial, en el silencio del obispado, en la complicidad de nuestro Ayuntamiento, en la justificación cateta de que todo vale porque se ha gastado mucho dinero, en el silencio y acatamiento de los ubetenses, etc., etc., etc. En fin, avisados están para que no se asusten cuando empiecen a sentir los síntomas. Imiten a nuestras autoridades y protéjanse la cabeza con inmaculados cascos —ellos no lo hacen por si les cae algo de las alturas— lo hacen para cuidar sus cabezas ante la posibilidad de un golpe contra el suelo como consecuencia de una caída provocada por el mencionado síndrome. Verdaderamente están en todo y siempre nos dan ejemplo.

Y LA LUZ SE HIZO...

CXXXVII

Como no faltan almas caritativas, esta pasada semana me han remitido una serie de fotografías (lamentablemente con una calidad muy justa) sobre la iluminación de Santa María que, no obstante, sí sirven para realizar algún comentario sobre el resultado y sobre el aspecto que consiguen. Pueden observarlas detenidamente y verán como no se generan sombras, ni reflejos, ni manchas; como no se resaltan más unos elementos que otros; como se crea un ambiente de clara espiritualidad que ayuda al recogimiento, que recrea un espacio religioso por completo alejado de la espectacularidad y del espectáculo. Pero eso, siendo aparentemente lo más importante -por evidente- no es lo único que quiero destacar. Lo realmente importante es el cuidado que se ha puesto en resaltar los elementos más significativos y tradicionales de su fábrica. Por eso, no se han escatimado medios (vamos, focos) para dar la mayor prestancia posible a dos realidades seculares: los muros de piedra y, sobre todo, el magnífico artesonado de un millón de euros. Queda claro que la exquisita mentalidad de los técnicos que han estado al cuidado -o mejor, al descuido- del proceso de destrucción y de invención al que se ha sometido el templo, no podían dejar de magnificar sus inapelables decisiones y sus acertadísimos criterios con una iluminación -don Enrique y doña Comisión Provincial del Patrimonio y doña Consejería de Cultura- más apropiada para el campo de fútbol de San Miguel que para la Iglesia Mayor Parroquial de Santa María de los Reales Alcázares. Y no quisiera pensar que se han equivocado por aquello de que ambos espacios, el deportivo y el religioso, están santificados en su título.

¿Y AHORA QUÉ?

CXXXVI
No sé por qué causa se ha vuelto a levantar el tejado del palacio del conde de Guadiana -ya saben ustedes ese que se está convirtiendo en un hotel de cinco estrellas y por el que según se ha dicho estos días se han interesado mucho los chinos en FITUR- siendo esta una intervención más que sumar a las muchas idas y venidas que está teniendo esta obra: subir el tejado más de la cuenta, parar la obra, restaurar el chapitel de la torre poniendo las tejas como las había ido dejando el tiempo, levantar las tejas del chapitel de la torre, volver a poner las tejas del chapitel de la torre como estuvieron en un principio, colocar ventanas cenitales, decir que se iba a liberar el ábside de San Pedro, dejar totalmente oculto el ábside de San Pedro, modificar el Plan Especial de Protección del Casco Histórico para permitir ocupar el espacio del patio, levantar un mamotreto de hierro y cemento ocupando el patio, hacer volar una parte de la construcción sobre el tejado del cuerpo principal del palacio y, ahora, levantar el tejado y hacernos temer que de ello no debemos esperar nada bueno. Y es que posiblemente con el buen pellizco que se le ha concedido a la promotora con eso del Museo Abierto del Renacimiento ha debido nacer alguna genialidad que siga mejorando el que sin duda será, cuando se inaugure, en boca de nuestros representantes uno de los mejores hoteles de España y de Europa. En fin, se ve que más de uno piensa que los chinos no sólo están en FITUR y que eso de engañar se puede hacer en cualquier parte.

LAS CINCO ESTRELLAS OTRA VEZ

CXX

He pasado algunos días en un convento del Norte, por razones de salud como siempre, pero han sido suficientes como para dar tiempo a una nueva actuación en el palacio del Conde de Guadiana consistente en el levantamiento de una monstruosa construcción metálica que viene a sumarse a lo mucho que ya se ha ido haciendo en este futuro y soberbio hotel de cinco estrella: modificación de volúmenes, colocación de ventanas cenitales, relamido general y lo que nos quede por ver. La recién colocada estructura marca sin lugar a dudas la ocupación de un buen trozo del patio, el macizado de una manzana, una nueva modificación de perfiles y la pérdida de las perspectivas que podían verse desde la calle Real. Todo esto, en principio, no hubiese sido posible según la normativa vigente en Úbeda sobre urbanismo, pero como otras tantas veces cuando la ley impide algo sólo basta con cambiarla. Por eso, nuestros queridos representantes no hace mucho que en pleno modificaron el Plan General de Ordenación Urbana y todo lo que hiciera falta para que el proyecto siguiera para adelante. La pena que producen estas decisiones es la de constatar una vez más el ignorante atrevimiento de pensar que a Úbeda va a venir un turismo capaz de pagar un hotel de esa categoría cuando cada vez queda menos que enseñar, que ver y que apreciar. En definitiva, ni siquiera se dan cuenta de que están matando la gallina de los huevos de oro que torpemente sólo ven en el turismo. Simplemente confío en que, al menos, a alguno de nuestros políticos y a los miembros de la Comisión Provincial de Patrimonio, que casi todo lo consiente, les quede algo de resquemor en la conciencia por lo que permiten y consienten en estas cuestiones, pero dudo mucho de que sean capaces de eso o de mucho menos. A todos, pues, ¡déles Dios mal galardón!

EL PARTO DE LOS MONTES

CXVIII
Hace unos dos años, con el permiso de mi superiora -conocedora de mis "patrimoniales" desvelos-, pude abandonar el torno para asistir a una interesante mesa redonda sobre la conservación del patrimonio en Úbeda. Pues bien, en aquella tarde se nos felicitó vehementemente por parte de un miembro de la Comisión Provincial del Patrimonio porque nuestra ciudad iba a recuperar la vista exterior del ábside de la iglesia de San Pedro gracias a la intervención que venía haciéndose en el palacio del Conde de Guadiana. Hoy, cuando unas más que controvertidas obras de un hotel con más estrellas que las que porta un capitán general han avanzado bastante, ya puede adivinarse en lo que va a consistir la promulgada recuperación. Si se fijan en la fotografía, apenas si se deja algo menos de un metro corto entre el citado ábside y la nueva construcción, provocando, como consecuencia, no tanto la alegría por un espacio rescatado como el temor a que el estrecho pasillo bien pueda convertirse en el más tranquilo y recóndito de los espacios para el alivio de los viandantes.

A NUEVA DELEGADA, VISITA A SANTA MARÍA

CXII
Por desgracia no conozco la iglesia de Santa María porque se cerró bastantes años antes de mi ingreso en este convento, pero esto nunca ha sido un obstáculo para saber de la triste historia de este templo. Una vez más, como siempre que hay cambios en la Consejería de Cultura o en su delegación provincial, el neófito político de turno ha girado visita por aquello de que no conviene dejar pasar mucho tiempo sin hacerse una foto y declarar a la prensa lo mucho que se lleva gastado en la obra y lo bien que está quedando todo por el cuidado y mimo con que se está haciendo, a pesar de la complejidad de una siempre ejemplar intervención, desde que la Junta de Andalucía se encargó de ella, pero ocultando el nefasto periodo en el que apareció por Úbeda don Isicio Ruiz, primer arquitecto comisionado por la Consejería, que parece que no puso tanto mimo ni tanto cuidado al destruir (aunque sólo un “poquito” porque la cosa ya estaba muy mala) lo que a respetuosas trancas y barrancas la historia y personas menos inteligentes había sabido conservar. Y como no podía ser menos, para dejar constancia de tan magno evento, tanto la nueva señora delegada, como el señor alcalde, como el señor arquitecto han vuelto a decir cosas tan manidas como las que siguen:
  1. Los plazos de la quinta y última fase de la restauración de la iglesia de Santa María de los Reales Alcázares de Úbeda se están cumpliendo.
  2. El presupuesto de esta recta final asciende a 1.497.000 euros, aunque casi llegará a los 2,2 millones al sumarle el IVA, los gastos generales y el beneficio industrial. El montante total de todas las fases superará los 6 millones de euros.
  3. Siempre pueden surgir imprevistos y retrasos que, si son en beneficio de la intervención, bienvenidos sean y se subsanarán como se ha hecho hasta ahora.
  4. El tiempo de espera ya va llegando a su fin y pronto la ciudad podrá disfrutar de este templo y del resultado de estos trabajos, que de no haberse realizado, posiblemente hubieran supuesto la desaparición del templo.
  5. Ha hecho falta un gran esfuerzo desde el punto de vista financiero, pero también desde el punto de vista técnico. A pesar de las opiniones contrarias, el templo ha resucitado teniendo en cuenta la situación en la que se encontraba, calificada de extrema unción por el colapso estructural de sus muros y paramentos. Sin embargo ahora, y aunque ha pasado demasiado tiempo, está a punto de ser una criatura viva.
  6. Ahora se volverá a contemplar la imagen que pudo tener la iglesia. Aludiéndose, con ello, a las críticas sobre la desaparición de la bóveda de cañón barroca en yeso, y aclarándose que ahora tenemos la iglesia previa a esas bóvedas que eran la causa principal del colapso de los muros.
  7. Se destaca la relevancia de lo que no se ve: la manera en la que se ha resuelto el problema de la cimentación, la estructura, la cubierta, los paramentos, los aislamientos o la impermeabilización.
  8. Se remarca la solución que se ha dado a la capilla de Jesús.
  9. El templo, que a lo largo de su historia ha sufrido diferentes intervenciones y añadidos de distintos estilos, - como en el siglo XVIII con la creación de bóvedas barrocas de yeso que provocaron, en buena medida, los problemas estructurales en el edificio-, vendrá a presentar una imagen lo más unitaria posible y que vendrá a asemejarse a la imagen previa a la intervención realizada en el XVIII.
  10. Se ha incluido una nueva iluminación para el edificio. También se ha intervenido en las dependencias parroquiales, en la antesala capitular y en la sala capitular. El proyecto ha incluido la adaptación de la nueva sacristía y la reparación del contrafuerte de piedra de la fachada principal del templo.

Particularmente me agobian tan minuciosos y doctos datos de personas tan importantes, pero lamento que con una simple larga cambiada se aparque lo que en las declaraciones se califican como “opiniones contrarias”, que si no me equivoco deben hacer referencia a las vertidas por un tal Antonio Almagro que como ahora hay que vender la moto es sólo la persona que opina contrariamente, pero de la que no se dice que es precisamente quien descubrió los documentos que se citan y quien publicó los estudios históricos sobre los que se ha “basado” (y soy especialmente benevolente con el calificativo) la preceptiva memoria histórica de la totalidad de este mal llamado proyecto de restauración. Pero, en fin, no es ahora el momento de lamentarse, aunque sí puede ser el de hacerse algunas inocentes y simples preguntas, sin duda producto de mi ignorancia, sobre las afirmaciones citadas arriba:

  1. ¿Es verdad que se están cumpliendo los plazos previstos, que hablaban de treinta y dos meses, o se está corriendo algo más ya que se acercan las elecciones municipales y hay que abrir el templo como sea?
  2. ¿Es apropiado en cuestiones de patrimonio justificarlo todo por el dinero gastado o sería más apropiado hablar de criterio y sentido común?
  3. ¿Eso de que siempre se ha tenido en cuenta el bien del edificio de verdad se lo creen?
  4. ¿Hasta qué punto en la supuesta desaparición del templo no influyó la intervención dirigida por don Isicio Ruiz? ¿No será que influyó más de la cuenta y que por ello la Consejería habla de que se hizo cargo de la obra a partir de 1989, cuando de todos es conocido que lo hizo en 1986?
  5. ¿Con qué derecho, además ufanándose, se habla orgullosamente de "criatura nueva"? ¿Cómo se casa ese concepto de criatura nueva, vertido por el señor alcalde, exdirector general de bienes culturales de la Junta de Andalucía, con el concepto de patrimonio histórico? ¿Si el cuidado de patrimonio lleva implícito el de conservación, por qué se habla de criatura nueva y otras zarandajas?
  6. ¿En esta ocasión lo de visión unitaria -supongo- será sinónimo de pastiche, mal gusto y desconocimiento?
  7. ¿Por qué agujero del pasado ha mirado el señor arquitecto para saber que los paramentos estaban picados, enseñando sus vergüenzas de una piedra de malísima calidad y, eso, en no todas las ocasiones?
  8. ¿Justifica verdaderamente el denominado colapso de los muros que se hayan borrado todas las lecturas arqueológicas que en ellos podían realizarse sobre la historia constructiva del templo? Supongo que eso formará también parte de ese inventado unitarismo.
  9. ¿Si tanto se desprecia el siglo XVIII, en las palabras del señor arquitecto, don Enrique Venegas, por qué no se ha derribado la sacristía, la sala capitular, la bóveda de la capilla Mayor o los más de dos metros en los que se recrecieron los muros perimetrales, que son en su totalidad aportaciones de ese siglo?
  10. ¿Por qué se reconstruye la bóveda de la capilla de Jesús si también es obra de ese mismo siglo? ¿No será porque hubo algo de miedo ante una posición cargada de sentido común por parte de la cofradía?
  11. ¿Qué criterio determina que algunas intervenciones del siglo XVIII sí sean dignas de su conservación y otras no?
  12. ¿Si el criterio para la restauración ha sido devolver el templo a un momento anterior al siglo XVIII, por qué no se ha reconstruido el coro, obra del siglo XVI?
  13. ¿Con qué criterio se habla tan alegre y despreciativamente de que el templo ha sufrido a lo largo de su historia intervenciones y añadidos, enfrentándose a lo que los responsables de la obra consideran la ejemplaridad?
  14. ¿Si tan bien se ha trabajado en lo estructural, solucionando los problemas ancestrales de la fábrica, por qué no se han reconstruido las bóvedas derrumbadas por don Isicio? Seguramente ahora ya no habría problemas de estabilidad. Y además apunto, porque lo he leído, que el edificio ya presentaba problemas estructurales mucho antes de la construcción de las bóvedas, que, precisamente, se levantaron buscando una solución a los problemas de cubiertas, que se venían constatando desde bastante tiempo antes.
  15. ¿Por qué se van a disponer (así parece ser por lo que se ve en la fotografía) focos empotrados en el suelo? ¿No es demasiado molesta y cegadora esa la luz?
  16. Y, finalmente, quizá la pregunta más importante: ¿si tanto dinero se ha gastado, por qué no se ha invertido algo más en la compra de unos cascos de tamaño apropiado para las cabezas de los visitantes?

Todo esto me deprime, pero lo que verdaderamente me da pena es, a la vista de ese aspecto unitario que por narices nos ha impuesto el señor Venegas con el beneplácito de la Administración y de la Delegación Provincial de Patrimonio, comprobar lo equivocados que estaban autores como Pi y Margall y Pasquau Guerrero al resaltar precisamente como uno de los valores estéticos de Santa María la diversidad: “Santa María de los Reales Alcázares, encaja –sin alterar su fisonomía todos los modos de la Historia del Arte. Diríase que ha asimilado los estilos con estilo, con personalidad; porque donde el templo de Santa María no es bello, es original. Y donde resulta extraño, acusa un detalle curioso de novedad; nunca de vulgaridad”.

Eso era entonces.

VA DE RESPETO

LXVII

Apenas hace un mes que desde este torno se hacía una llamada de atención (la segunda) sobre las obras que se vienen realizando en el Palacio de los Condes de Guadiana para convertirlo en un hotel de cinco estrellas (que son muchas estrellas), cuando de nuevo nos vemos en la obligación de sacar el tema a colación. Y es que, como ustedes sabrán, en el ultimo pleno municipal se aprobó con el voto favorable de todos los grupos políticos una modificación puntual del Plan Especial de Protección del Centro Histórico consentidora con la construcción de los espacios necesarios para un establecimiento hotelero de cinco estrellas (el primero de la provincia), mediante el recrecido en algo más de un metro de la ocupación del patio. Pues bien, esto, junto con la elevación y pendiente desproporcionada de los tejados, junto con la utilización excesiva de teja nueva, junto con el repellado de los sillares (previo uso de la radial) con pasta blanca frente al tradicional empleo de la arena del país, junto a la disposición de carpintería de alumnio, junto a lo que aún nos quede por ver y junto a lo que no nos dejan ver, para el señor alcalde ha sido actuar «con todo el respeto» al edificio histórico, a través del concurso de los órganos competentes en materia patrimonial de la Junta de Andalucía y haciendo viable un importante proyecto para la ciudad Patrimonio de la Humanidad, avanzando «sin pausa, pero sin atropello». En fin, viendo las fotografías, una reciente y otra anterior a la interrupción de las obras para que la Comisión Provincial de Patrimonio decidiera sobre lo acertado de la intervención, una se pregunta qué ha cambiado. Sin duda cuando el señor alcalde habla de respeto se refiere a la acepción (según el DRAE) de acatamiento, nunca a la de veneración, miramiento, consideración y deferencia. Lo que prevalece es el acatamiento a las estrellas del primer hotel de esa categoría en la provincia, nunca la veneración, el miramiento, la consideración y la deferencia hacia un monumento único en el mundo y, por supuesto, en la ciudad más antigua del Ocidente Europeo.

CINCO ESTRELLAS SON DEMASIADAS...

LXI
En el verano de 2008 se publicó en este cuaderno una entrada que bajo el título "miedo da" llamaba la atención sobre lo que parecían anormalidades en la intervención del palacio del Conde de Guadiana. Al mismo tiempo, se expresaba la esperanza de que la Comisión Provincial de Patrimonio (que había parado la obra) resolviese en el problema de forma beneficiosa para el patrimonio ubetense. El tiempo ha pasado, la obra se reanudó, y de poco parece que haya servido la interrupción y la demora. No sé, pero me da la sensación de que en poco se han corregido los volúmenes que llevaron al parón y de que el tejado es ahora bastante más alto de lo que lo fue originariamente. Por ello, la torre queda camuflada tras lo que sin duda ha sido un interesado recrecimiento bajo una cubierta con demasiadas tejas nuevas que da solución -supongo- a las suntuarias necesidades de un hotel de cinco estrellas. Con razón decíamos entonces que cinco estrellas son más de la que tiene un capitán general... Pero no todo es malo: ahora la acreditada marca de ventanas VELUX puede presumir de que sus productos están junto a la que buena parte de la crítica y de la historiografía del arte han definido como una de las torres más bellas de Europa.

IBA DE MUDÉJAR, VA DE PASTICHE

LVII
La fotografía que hoy sale del torno se corresponde con una de las más recientes intervenciones realizadas en Santa María y recoge el aspecto que va tomando una antigua sala creada en el siglo XVIII, al tiempo de la nueva sacristía y sala capitular, aprovechando parte de la capilla de los Becerra y alguna que otra dependencia de servicio de la iglesia. Es decir, que estaríamos ante un espacio creado y unificado en el Setecientos con, entre otros criterios de terminación, el enlucido y blanqueado de los muros acorde con las bóvedas encamonadas que cubren desde entonces los nuevos espacios y, por supuesto, en consonancia con los gustos estéticos del momento. Pero claro, ahora resulta que todo eso no vale, porque como ha apuntado la Consejera de Cultura en su reciente visita al templo no son sino “invenciones” que pueden suprimirse en la recuperación de un supuesto periodo inicial del templo que todo lo justificaría, incluso la invención de muros con placas falsas de piedra y el relleno de vanos, como bien muestra la fotografía. Y como suponemos que estas ideas quizá no sean del todo de la señora Consejera (que estará en cosas más importantes), sino del arquitecto responsable de la obra, queremos hacerle algunas preguntas: ¿Verdaderamente cree usted que terminar unos paramentos con piedra vista es lo correcto en este caso? ¿Es digna esta terminación, tan falsa, caprichosa y fuera de lugar, que sustituye lo que la historia nos dice que fue esta sala? ¿Lo es en otros tantos muros y espacios del templo que nunca dejaron ver su piedra? ¿Qué le ha hecho a usted el siglo XVIII para que no haya dejado prácticamente ningún rastro de su presencia en Santa María? ¿Quién es usted para despreciar lo que los siglos hicieron de este templo? ¿Con qué derecho se cree usted superior a la Historia? En fin, estos son los magníficos técnicos que, como no para de repetirse en la prensa por consejeras y delegadas, están a cargo de la Colegial. Los mismos que han intentado recrear “un mudéjar”, que por ninguna parte aparece en los tratados de arquitectura, pero que sólo han conseguido un espledoroso y gigantesco pastiche. ¡Ah, y todo esto se hace en un Monumento Nacional y con el visto bueno de otros tantos técnicos que de vez en cuando se reunen en algo pomposamente denominado Comisión Provincial del Patrimonio!

SUMA Y SIGUE

LIV
Aunque pudiera parecer fruto de un mal sueño, la verdad es que lo que la fotografía nos presenta tiene la apariencia cierta de que se avecina una nueva barbaridad en la plaza de San Lorenzo. En la fotografía puede verse como en el solar de una de las casas de su costado este, formado por inmuebles de una cada vez más escasa y desaparecida arquitectura popular de larga tradición y dignos modelos, se está levantando lo que sin duda va a convertirse en un nuevo disparate urbanístico que sumar a los muchos que se consienten por nuestras autoridades. La obra todavía no se ha terminado, pero ya se adivina que cuando así sea el nuevo inmueble sobresaldrá muy por encima de sus paredaños en varios metros, y que incluso pueda mejorarse esa "verticalidad" tan conseguida si se consiente el aprovechamiento bajo cubierta que tan alegre e insensatamente se ha permitido y se sigue permitiendo a lo largo y ancho de toda nuestra maltratada ciudad. La cosa, como creo que queda claro, es grave vista desde la plaza, pero más lo es si observamos lo mejorada que va a quedar la vista desde la Puerta de Granada. Tanto es así, que la fotografía que sigue habla sola: sin duda la Casa de las Torres, la muralla y la vista general se "dinamizan" y "ponen en valor". Gracias hemos de dar a los que nos gobiernan por tanto desvelo y por tanto cuidado, por aprobar tan cuidadosos y laxos planes especiales de protección del casco histórico.


NUEVAS BARBARIDADES SOBRE DISPARATES VIEJOS

LIII

Me ilusionaba el inocente deseo de estrenar el remodelado y austero aspecto del cuaderno (más acorde con nuestra regla y con los cuaresmales días que recorren el calendario) con una entrada que molestara lo menos posible, pero una vez más las circunstancias me obligan a dar pellizcos (de monja, claro) que mucho me temo pueden hacer daño por denunciar barbaridades como catedrales, o mejor, como colegiatas, pues de la antigua de Santa María de los Reales Alcázares se trata. Y es que apenas si han pasado unas pocas semanas desde comienzo de la muy pomposamente publicitada reanudación de las obras en su última fase cuando -por las noticias y las fotografías que me proporcionan las almas caritativas de siempre- veo que aparentemente las cosas siguen haciéndose rematadamente mal. Para demostrarlo, les presento dos fotografías: en la primera, un camión porta uno de los muchos contenedores sacados de la iglesia con lo que parecen ser restos del enfoscado y del enlucido de cualquier muro; en la segunda, una sepulcral y claustral lápida partida (y no es la única que puede verse en el recinto) descansa de los muchos ajetreos a los que ha sido sometida sobre una de las jambas de la puerta principal del templo, cuyos muros han sido amorosa y delicadamente tratados con una radial para marcar con claridad el camino de lo que imaginablemente deberá ser un nuevo repellado. Ante estas dos imágenes me pregunto lo siguiente:

  • ¿De dónde han salido tantos cascotes?
  • ¿Son acaso de las paredes de la capilla de Jesús Nazareno o lo son de la Sacristía?
  • ¿Acaso no se conoce que tanto la capilla como la sacristía son obras del siglo XVIII?
  • ¿Acaso se desconoce que ambos espacios fueron concebidos desde su origen con los muros enlucidos y blanqueados?
  • ¿Se desconoce también que esto esta documentado?
  • ¿Para qué sirve, pues, la memoria histórica del proyecto de restauración? ¿O es que como se copió sin permiso ni siquiera llegó a leerse lo que se copiaba?
  • ¿Se piensa, tras picar sus muros, en convertirlos en nuevos espacios del neomudejarismo pastichero predominante en todo lo ya "restaurado"?
  • ¿Por qué no se tiene más cuidado con las lápidas sepulcrales?
  • ¿Acaso no fue suficiente con destrozar todas las del interior del templo?
  • ¿No hay una forma menos agresiva de sanear las juntas de los sillares?
  • ¿Por qué se ha usado una radial que ha hecho saltar numerosas lascas de sus bordes?
  • ¿Son estos los criterios que se van a mantener en lo que le queda de padecimiento a este desgraciado monumento?
  • ¿Piensan hacer algo las administraciones responsables?
  • ¿Piensa hacer algo la Comisión Provincial de Patrimonio?
  • ¿Piensa seguir haciendo experimentos estilísticos el señor arquitecto?
  • ¿Va a seguir siendo lo único válido terminar la obra de la manera que sea y cerca de un periodo electoral?
  • ¿Es lo más importante decir una y otra vez que se ha gastado mucho dinero o comprobar que se gasta correctamente?
  • ¿Cuántas barbaridades, cuántos disparates más habremos de soportar?

Pero con todo, quizá esto no sea lo más grave. Las mismas almas caritativas ya citadas me dicen que en la nave del lado este del claustro se ha levantado el suelo en cerca de un metro de profundidad y aunque una es bien pensada y supone que por el valor arqueológico del recinto y por el mucho mimo con el que todo se ha venido haciendo en los últimos veinticinco años, se procede bajo la supervisión de un experto en arqueología que ha de realizar por ley el estudio correspondiente, no puede dejar de pensar en la influencia del Maligno y en ser presa de las peores sospechas -lo reconozco- que me llevan al disparate de ver en que el único que supervisa y decide es el albañil de turno, eso sí, con el reglamentario casco en la cabeza.

NO ES LO QUE PARECE

LII
El objeto que aparece en la fotografía bien podría parecer a primera vista una jaula de grillos, pero mire usted por dónde no es así. En realidad se trata del púlpito de Santa María situado boca abajo, es decir en decúbito prono, cubierto de polvo y claramente manifestando en su abandono y soledad el cuidado y mimo puestos en todas y cada una de las actuaciones perpetradas en el templo bajo el calificativo de obras de restauración. Si en verdad una jaula de grillos es un lugar en el que hay gran desorden y confusión y en el que nadie se entiende, la única posible no sería la que aparentemente la fotografía recoge, sino la propia iglesia en su conjunto. A los grillos que en forma de administraciones, comisiones y arquitectos la han ido ocupando ustedes mismos pueden ponerles nombre y calificarlos.

EL ORDINARIO EN SANTA MARÍA

L
Apenada, profundamente apenada y desconcertada, me tienen las palabras pronunciadas por el Sr. Obispo, don Ramón del Hoyo, Ordinario de la Diócesis, durante su visita a Santa María de los Reales Alcázares: "...Aunque se ha tardado, merece la pena que no se haya perdido. Veinticinco años en muchos siglos de historia no son tantos, y lo que importa es que se va a trasladar a otras generaciones por nuevos siglos, y por tanto, lo necesario es que se hagan las cosas bien y que se remate bien, sin prisas...". ¡Señor! Ahora resulta que destruir bóvedas, destrozar capillas, mutilar rejas, partir lápidas, perder decenas de metros cuadrados de losas, inventarse unas paredes de chabacano aspecto, disponer un artesonado de catálogo, construir zócalos con mármoles de los más variados tonos (algunos casi desconocidos), cubrir las ventanas con unas vidrieras de colorines, no respetar siglos de historia, borrar toda señal arqueológica de las fases constructivas, levantar un tejado recién hecho para colocar el aislante que se había olvidado colocar, asignar a incompetentes la primera fase de la restauración, no cambiar al arquitecto actual (especialista en estructuras) por otro especializado en terminaciones y con mejor gusto artístico, depositar la restauración de las fachadas a unos restauradores que pensaban que lo hacía de unas obras del siglo XV y no del XVII, modificar un espacio luminoso y barroquizante así voluntariamente construido por los siglos por otro oscuro y falsa y relamidamente mudéjar, mentir una y otra vez sobre el proceso..., en definitiva, destrozar sin respeto, sin vergüenza y sin responsabilidades un monumento nacional, resulta que es hacer las cosas bien. Afortunadamente -y en esto estoy con el Sr. Obispo- sólo han pasado 25 años. Si hubiesen transcurrido más, difícil es predecir hasta donde hubiera podido llegarse o hasta donde puede hacerse en estos tres o cuatro años que todavía faltarían para ver finalizada la trama de una herencia patrimonial tan errada, inexacta y falsa. Lo único que me consuela en este duro trance de enfrentamiento con toda autoridad y jerarquía, es considerar que los responsables (políticos, técnicos y comisiones de patrimonio) de toda la confabulación perpetrada en Santa María no podrán -o al menos no debieran- colgarse medallas ni alegar en justificación de sus muchas barbaridades y desafortunadas actuaciones las palabras de don Ramón, porque les recuerdo que el Sr. Obispo no ostenta entre sus potestades la de hablar ex cathedra y mucho menos en cuestiones de restauración, de patrimonio y de arte.

ALGO SOBRE SANTA MARÍA

XXXVII



Ante la muy reciente publicación en la prensa provincial de la inminente reanudación de las obras de la última fase de la restauración (o de lo que sea, pero siempre injustificable) de Santa María, no se me ocurre sino decir: ¡qué la madre superiora nos asista y consuele por los muchos desmanes que aún pueden perpetrarle impunemente a tan honorable templo! Mucha tela hay que cortar -y se cortará-, pero hoy sólo hablaré de las capillas por ser algunos de los espacios ya terminados, y lo hago sobrecogida y presa de un frío temblor, al tiempo que preguntándome cómo una supuestamente comisión de expertos: la Provincial de Patrimonio, ha podido permitir tan claros desmanes y desaciertos. Cuatro son los ejemplos que presento, pero podrían ser bastantes más. Como puede verse, la capilla Mayor (que ya llegaba tocada con la presencia de una portada sacada de contexto) ha sido dotada de un hermoso color salmón, el mismo que tan de moda han puesto los denominados "pintores interioristas" para salones de pisos, aunque sean de pocas habitaciones y con cocina y cuarto de baño alicatados hasta el techo; la pena es que se les haya olvidado un elegante y encubridor fondo de gotelé. La segunda es la capilla de San Gregorio y de San Juan de Letrán, que ocupaba el Cristo de la Caída. Pocos comentarios caben ante ese picado de la piedra y ese hermoso mármol rosa que cubre suelo y zócalo. Con todo, hay que admitir cierta preocupación estética en el uso de este color para combinar con el salmón ya comentado. La tercera es la de Nuestra Señora de Guadalupe. Aquí la estupidez humana en forma de manía por usar y descubrir la piedra ha llegado a la culminación. Y es que resulta ridículo que uno de los arcos, con decoración de bolas, que fue altar en la capilla de Nuestra Señora de las Nieves, se haya macizado de piedra de una calidad ínfima. Sin duda el señor arquitecto responsable no debió asistir a clase el día en el que explicaron que el espacio interior de un arco se llama vano precisamente por no contener elementos que lo conviertan en una pared. Finalmente, en la capilla del canónigo Magaña, se alcanzan las más altas cotas del disparate en forma una vez más de bellos paramentos picados o bien cubiertos de un estiloso enlucido salmón (sin duda para dar una nota de sofisticación), elegantes y tradicionales suelo y friso de piedra artificial y una inefable vidriera quizá inspirada en el neoplasticismo de Piet Mondrian. Ver la pila bautismal entre tanto disparate no da sino pena. En fin, y como resumen, convencida estoy de que los restos de incienso que hubieran podido permanecer incrustados en los muros de la Colegial han hecho marearse y perder el sentido a los responsables de la obra. De no ser así, y que Dios me perdone los malos pensamientos, bien podría llegar a sospecharse que en Santa María se ha fumado de todo y mucho.

INCOMPRENSIBLE

XVI
Tradicionalmente se venía considerando que la Red Nacional de Paradores hacía gala de buen gusto y respeto en la rehabilitación y restauración de los muchos edificios de interés artístico que albergan sus establecimientos hoteleros, pero lo cierto es que en la última intervención llevada a cabo en el del Condestable Dávalos la tradición no sólo se ha olvidado sino que se ha destrozado. Es inaceptable que un palacio del siglo XVI pueda ser sometido, en pública vergüenza para quien lo ha diseñado y para quien lo ha permitido (supongo que la Comisión Provincial de Patrimonio), a tal aberración arquitectónica. ¿De verdad no había otra forma de solucionar el "problema" de la climatización? Con técnicos así se hubiera intentado ir a la Luna en patinete...

SACAR LA PIEDRA

XIV


Como signo de mal gusto y de ignorancia podría calificarse la muy extendida moda de sacar la piedra de nuestras casas, pero no por parte de quien lo hace sino de quien lo consiente. No siempre la piedra se ha utilizado como material constructivo para ser visto, al contrario, en muchas ocasiones se concebía como algo que debía ser tapado por la pobreza de su labrado. No podemos resignarnos a una moda tan disparatada por mucho que los propios responsables del cuidado del patrimonio lo consientan. Así ha ocurrido en los muros interiores de Santa María, rompiendo estéticas y contrastes, con el visto bueno de la Comisión Provincial de Patrimonio y, en definitiva, de la Consejería de Cultura.

MIEDO DA

XII
Miedo da, viendo lo que se adivina de la obra realizada hasta ahora, el resultado final que puede presentar este hermoso palacio como hotel de cinco estrellas. Por una vez, no obstante, habría que confiar en que la interrupción de la obra, por parte de la Concejalía de Urbanismo y de la Comisión Provincial de Patrimonio, realmente sirviera para la salvaguarda del bien patrimonial y no de los intereses particulares de los promotores de un disparate. Pero claro, cinco estrellas son más de las que tiene un capitán general...